Para la Familia Rosas Ortega, especialmente para Gaby

Hay días o mañanas en que uno se despierta con la sensación de no tener algo, como si fuese un sentimiento de pérdida irreparable.

Hay tardes en las que la vida transcurre de la forma más natural y con la misma naturalidad hay personas y cosas que dejan de existir.

Hay noches incluso en las que cierto tipo de presagios o impaciencias nos llevan a susurrar dentro de la oscuridad y el ansia “…¡algo va a pasar!…”

Hay personas que uno conoce desde muy jóvenes, hay hombres y mujeres que van llegando a la vida de uno y van quedándose en nuestra vida misma como un tatuaje indeleble que vierte sobre nuestra piel y espíritu el color de la alegría, las risas, el desmadre, la vida y también la muerte aunque de manera imperceptible.

Hay personas como Gabriel que un buen día llegan a la vida de uno y llegan para quedarse, llegan como un sinónimo de vida y alegría, con la fuerza de su estatura y el orgullo de su sangre, sangre bendita.

Hay personas como Gabriel quién te alegra el momento con sus anécdotas, aquella de arrojar gallos y gallinas desde un lote baldío a la azotea de la casa de sus padres o aquella, la más reciente que escuché que vivió junto con otro amigo en un lugar de Tlalnepántla.

Hay personas como Gabriel, que la convivencia y la vida los va transformando, los va convirtiendo de vecinos en amigos, de vecinos en hermanos, de hermanos en compañeros y es a este Gabriel, Juan Gabriel Rosas Ortega al que me refiero, a ese “Chupado” que de niño conocí y que siendo compañero de edad y de juegos de mi Hermano Hugo, fue compartiendo un periodo de tiempo maravilloso y hermoso de mi vida.

Es probable que poca gente comprenda lo que digo y acaso solo me importa que él, dónde quiera que esté ahora, omnipresente, en este momento en mi corazón, lo sepa; y es que mis hermanos de la calle Guanajuato, todos ellos comprenderán perfectamente y en todo detalle de lo que hablo.

Gabriel siempre fue un chico muy alegre, juguetón, recuerdo perfectamente cuando llegaba a casa de mi madre en el número 75 de la calle Guanajuato y preguntaba si mi hermano Hugo saldría a jugar o a andar en bicicleta, recuerdo cuando llegaba corriendo a casa en busca de refugio por alguna reprimenda de sus padres o hermanos mayores y buscaba al “Vikingo” o a mi madre a la que le decía que era su novia, recuerdo cómo la abrazaba y sin sentir celo alguno me agradaba que él quisiera a mi familia como la quiere aun y como nosotros le queremos.

Recuerdo sus casas en el árbol del Miky, con el Enano y mi hermano, recuerdo los tiempos tan felices que en esa calle compartimos con él.

Recuerdo una etapa mas cercana de su vida, una que le trajo acaso uno de los sin sabores más grandes, la pérdida de su compañera, y recuerdo todo eso entre bruma, por que en ese tiempo me había alejado un poco de ellos, mis hermanos.

La última ves que lo vi, o mejor dicho, la última imagen que guardo de él es como un hombre tremendamente crecido, fuerte, dicen que hasta hace días aun tenía esa misma complexión robusta.

Yo no sé, será la desesperación que siento y este dolor de compartir esta pena tan grande con mis otros hermanos Rosas Ortega, sus hermanos, yo no sé que sea, no logro comprender como a pesar de que Gabriel sigue en mi recuerdo hoy y para siempre resiento tanto la pena de que ya no está físicamente entre nosotros.

Lamento haberme distanciado de todos mis hermanos de la calle Guanajuato, me duele que los que viven lejos lo estén además del factor geográfico alguno por allí también del ánimo.

Yo sé que Gabriel está entre nosotros, siempre, en cada recuerdo, en cada ejercicio de recordar su rostro y sus juegos, sus abrazos a mi madre y su amistad con el Vikingo y mi hermano.

Si, tengo y siento una pena muy profunda y una rabia contenida que no sé en qué se convertirá, la pena es por ese sentimiento egoísta de no poder verlo y abrazarlo más, la rabia es por pensar que pude estar cerca de él más tiempo, como de toda mi gente, de mis amigos.

Hoy quiero solidarizarme con mis hermanos, mis amigos del alma, la familia Rosas Ortega, con quién comparto esta pena tan profunda, con quién comparto este dolor tan desesperante que es hacerse a la idea de su ausencia.

Y a pesar de que sé que él está en mi y en todos los que le conocimos, hoy guardo luto por su memoria y le doy gracias por ser parte de mi vida, de mi crecimiento como hombre y como amigo de él, como contemporáneo.

Querido Gaby, por que sé que estas con personas a quién tu has querido y amado, y por que habrá un día en el que volvamos a vernos a la cara y abrazarnos para reconfortarnos esta infortunada situación que es dejar este plano de la existencia.

Ya habrá tiempo de recordar y rememorar, de reír y de llorar, de aprovechar cada día con la lección que deja él en mi vida, la fuerza de vivir.

Querida Señora Meche, Mechita, Señor Santiago, Chavo, Toño, reciban mi más sincero y desesperado abrazo, permítanme compartir estos momentos que duelen y sin embargo trato de pensar y recordar a Gaby en la plenitud de su existencia, comparto con ustedes todo este cúmulo de sensaciones dolientes y sin embargo les doy las gracias por ser parte de mi vida y permitirme la oportunidad, la gran oportunidad de conocerles.

Querido hermanito Gaby, recibe un abrazo grande, un buen día hemos de encontrarnos y entonces habrá pasado ya este trago tan difícil que es no tenerte.

Queridos amigos y hermanos, un abrazo solidario y todo nuestro cariño para ustedes, siempre.

Juan Carlos Ruiz Nava y Familia

~ por juancarlos70 en agosto 22, 2005.

3 comentarios to “Para la Familia Rosas Ortega, especialmente para Gaby”

  1. Bien, Bien ,Bien, Juanito estoy totalmenye de cauerdp y de igual manera pienso en el chupado, cierto es que nos vamos a reunir todos en otro lado, cuando quien sabe, pero debemos aprovechar cada dia de nuestras vidas con amor y felicidad a los nuestros, y a todos y todo lo que nos rodea, comunicarnos y convivir mas, y donde queera qieu estes Gracias Gaby DEscanza y acompañanos por siempre Muy bien Juan Saludos atte pony

  2. Mi querido JC,

    Cada vez que me doy cuenta de que un ser valioso se ausenta de entre nosotros, me replanteo la urgencia y necesidad del ser humano en vivir al tope la vida porque de un momento a otro esta se puede desvanecer. Hoy me entere tambien de la muerte de Natasha Fuentes Lemus, la hija de Carlos Fuentes, quien acaba de morir hace unos dias cuya edad es exactamente la mia. Y tambien me trae al recuerdo que hace un par de an~os vi la muerte cercana.

    Los espacios que dejan Gaby y Natasha son enormes y estoy segura que sus familias y amigos cercanos la estan sufriendo enormemente, pero creo que ellos estan del otro lado de este plano de la existencia gritando: “Vive, no te conformes con menos”.

    Un abrazo sincero para las familias de Gaby y Natasha.

    Maria E.

  3. Gracias Enry, tienes razón, no hay motivo a conformarse con menos que vivir.

    Gracias

    besos

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