La Mujer Esqueleto – Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés

Una amiga cubana que vive en Guadalajara un buen día envió este cuento incluido en un libro (que mejor dicho es un tratado), de asuntos que tienen que ver con las mujeres, yo por curiosidad meramente por los cuentos compré ese libro y sin embargo me ha servido al menos un poco para comprender desde otra perspectiva el universo de las mujeres.

En su momento me agradó tanto la idea de que la autora Clarissa Pinkola usara cuentos recopilados por ella misma para explicar algunos fenómenos de los días y vida de las mujeres.

En su momento lo leí y lo he regalado a varias de las mujeres más importantes de mi vida y parece que ha sido un buen obsequio a propio dicho de algunas de ellas, claro, mi queja es con dos o tres de ellas que seguramente no lo han leído y seguramente nunca lo leerán, como todo, es un obsequio que yo hago desde mi inteligencia y buen deseo, habrá personas que asuman que no les hace falta leerlo y si es cierto eso entonces quiere decir muchas cosas buenas sobretodo o malas, ya no sé.

Yo hoy les comparto un cuento extraído de este libro, el mismo que esta amiga me envió en su momento y que me motivó a comprarlo y leerlo, realmente se los recomiendo.

Saludos, besos y abrazos sin como corresponda

Juan Carlos, que también corre con los lobos…

Si alguna chica (o machín) le interesa en este texto, déjenme comentarios y vemos como se los hago llegar, me refiero al libro completo, claro.
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La Mujer Esqueleto:
(El enfrentamiento con la naturaleza de la Vida/Muerte/Vida del amor)

Había hecho algo que su padre no aprobaba, aunque ya nadie recordaba lo que era. Pero su padre la había arrastrado al acantilado y la había arrojado al mar. Allí los peces se comieron su carne y le arrancaron los ojos. Mientras yacía bajo la superficie del mar, su esqueleto daba vueltas y más vueltas en medio de las corrientes.
Un día vino un pescador a pescar, bueno, en realidad, antes venían muchos pescadores a esta bahía. Pero aquel pescador se había alejado mucho del lugar donde vivía y no sabía que los pescadores de la zona procuraban no acercarse por allí, pues decían que en la cala había fantasmas.
El anzuelo del pescador se hundió en el agua y quedó prendido nada menos que en los huesos de la caja toráxica de la Mujer Esqueleto. El pescador Pensó: “¡He pescado uno muy gordo! ¡Uno de los más gordos!” Ya estaba calculando mentalmente cuántas personas podrían alimentarse con aquel pez tan grande, cuánto tiempo les duraría y cuánto tiempo él se podría ver libre de la ardua tarea de cazar. Mientras luchaba denodadamente con el enorme peso que colgaba del anzuelo, el mar se convirtió en una agitada espuma que hacía balancear y estremecer el kayak, pues la que se encontraba debajo estaba tratando de desengancharse. Pero, cuanto más se esforzaba, más se enredaba con el sedal. A pesar de su resistencia, fue inexorablemente arrastrada hacia arriba, remolcada por los huesos de sus propias costillas.
El cazador, que se había vuelto de espaldas para recoger la red, no vio cómo su calva cabeza surgía de entre las olas, no vio las minúsculas criaturas de coral brillando en las órbitas de su cráneo ni los crustáceos adheridos a sus viejos dientes de marfil. Cuando el pescador se volvió de nuevo con la red, todo el cuerpo de la mujer había aflorado a la superficie y estaba colgando del extremo del kayak, prendido por uno de sus largos dientes frontales.
“¡Ay!”, gritó el hombre mientras el corazón le caía hasta las rodillas, sus ojos se hundían aterrorizados en la parte posterior de la cabeza y las orejas se le encendían de rojo. “¡Ay!”, volvió a gritar, golpeándola con el remo para desengancharla de la proa y remando como un desesperado rumbo a la orilla. Como no se daba cuenta de que la mujer estaba enredada en el sedal, se pegó un susto tremendo al verla de nuevo, pues parecía que ésta se hubiera puesto de puntillas sobre el agua y lo estuviera persiguiendo. Por mucho que zigzagueara con el kayak, ella no se apartaba de su espalda, su aliento se propagaba sobre la superficie del agua en nubes de vapor y sus brazos se agitaban como si quisieran agarrarlo y hundirlo en las profundidades.
“¡Aaaaayy!”, gritó el hombre con voz quejumbrosa mientras se acercaba a la orilla. Saltó del kayak con la caña de pescar y echó a correr, pero el cadáver de la Mujer Esqueleto, tan blanco como el coral, lo siguió brincando a su espalda, todavía prendido en el sedal. El hombre corrió sobre las rocas y ella lo siguió. Corrió sobre la tundra helada y ella lo siguió. Corrió sobre la carne puesta a secar y la hizo pedazos con sus botas de piel de foca.
La mujer lo seguía por todas partes e incluso había agarrado un poco de pescado helado mientras él la arrastraba en pos de sí. Y ahora estaba empezando a comérselo, pues llevaba muchísimo tiempo sin llevarse nada a la boca. Al final, el hombre llegó a su casa de hielo, se introdujo en el túnel y avanzó a gatas hacia el interior. Sollozando y jadeando permaneció tendido en la oscuridad mientras el corazón le latía en el pecho como un gigantesco tambor. Por fin estaba a salvo, sí, a salvo gracias a los dioses, gracias al Cuervo, sí, y a la misericordiosa Sedna, estaba… a salvo… por fin.
Pero, cuando encendió su lámpara de aceite de ballena, la vio allí acurrucada en un rincón sobre el suelo de nieve de su casa, con un talón sobre el hombro, una rodilla en el interior de la caja torácica y un pie sobre el codo. Más tarde el hombre no pudo explicar lo que ocurrió, quizá la luz de la lámpara suavizó las facciones de la mujer o, a lo mejor, fue porque él era un hombre solitario. El caso es que se sintió invadido por una cierta compasión y lentamente alargó sus mugrientas manos y, hablando con dulzura como hubiera podido hablarle una madre a su hijo, empezó a desengancharla del sedal en el que estaba enredada.
“Bueno, bueno.” Primero le desenredó los dedos de los pies y después los tobillos. Siguió trabajando hasta bien entrada la noche hasta que, al final, cubrió a la Mujer Esqueleto con unas pieles para que entrara en calor y le colocó los huesos en orden tal como hubieran tenido que estar los de un ser humano.
Buscó su pedernal en el dobladillo de sus pantalones de cuero y utilizó unos cuantos cabellos suyos para encender un poco más de fuego. De vez en cuando la miraba mientras untaba con aceite la valiosa madera de su caña de pescar y enrollaba el sedal de tripa. Y ella, envuelta en las pieles, no se atrevía a decir ni una sola palabra, pues temía que aquel cazador la sacara de allí, la arrojara a las rocas de abajo y le rompiera todos los huesos en pedazos.
El hombre sintió que le entraba sueño, se deslizó bajo las pieles de dormir y enseguida empezó a soñar. A veces, cuando los seres humanos duermen, se les escapa una lágrima de los ojos. No sabemos qué clase de sueño lo provoca, pero sabemos que tiene que ser un sueño triste o nostálgico. Y eso fue lo que le ocurrió al hombre.
La Mujer Esqueleto vio el brillo de la lágrima bajo el resplandor del fuego y, de repente, le entró mucha sed. Se acercó a rastras al hombre dormido entre un crujir de huesos y acercó la boca a la lágrima. La solitaria lágrima fue como un río y ella bebió, bebió y bebió hasta que consiguió saciar su sed de muchos años.
Después, mientras permanecía tendida al lado del hombre, introdujo la mano en el interior del hombre dormido y le sacó el corazón, el que palpitaba tan fuerte como un tambor. Se incorporó y empezó a golpearlo por ambos lados: ¡Pom, Pom!…. ¡Pom, Pom!
Mientras lo golpeaba, se puso a cantar “¡Carne, carne, carne! ¡Carne, carne, carne! “. Y, cuanto más cantaba, tanto más se le llenaba el cuerpo de carne. Pidió cantando que le saliera el cabello y unos buenos ojos y unas rollizas manos. Pidió cantando la hendidura de la entrepierna, y unos pechos lo bastante largos como para envolver y dar calor y todas las cosas que necesita una mujer.
Y, cuando terminó, pidió cantando que desapareciera la ropa del hombre dormido y se deslizó a su lado en la cama, piel contra piel. Devolvió el gran tambor, el corazón, a su cuerpo y así fue como ambos se despertaron, abrazados el uno al otro, enredados el uno en el otro después de, pasar la noche juntos, pero ahora de otra manera, de una manera buena y perdurable.La gente que no recuerda la razón de su mala suerte dice que la mujer y el pescador se fueron y, a partir de entonces, las criaturas que ella había conocido durante su vida bajo el agua, se encargaron de proporcionarles siempre el alimento. La gente dice que es verdad y que eso es todo lo que se sabe.

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~ por juancarlos70 en junio 7, 2005.

12 comentarios to “La Mujer Esqueleto – Mujeres que corren con los lobos de Clarissa Pinkola Estés”

  1. Voy a leer este cuento desde un sitio donde pueda estar más tranquila…
    Yo tengo “Mujeres que corren con los lobos” gracias a tu recomendación y gracias a un cuento que alguna vez me enviaste… No he leído el libro completo, pero sé que lo haré.

    Gracias por todo…

    Yo

  2. Hola Dei, pues me alegra mucho que hagas esas lecturas, espero que lo disfrutes :)
    un beso y un abrazo

  3. Hola, me encantó este cuento, me gustaría mucho tener el libro entero, me lo podrias enviar?

    gracias
    Un abrazo

  4. Juan Carlos, este texto me seduce. Pienso que llega en el momento preciso… no antes ni despues. Hacen unas semanas, llevo buscandolo para comenzar su lectura pero ha sido infructuoso. Si hay alguna forma de adquirirlo a traves de la Red, desde ya te agradezco. Hay unos grupos a traves de la herramienta de Facebook que hacen las lecturas del libro. Exitos.

  5. hola
    me encantaria tener el libro completo
    ese cuento es hermoso

    Pato

  6. Hace más o menos un año y cuatro meses, le recomendé este cuento a una persona. Lo hice porque el análisis de Clarissa Pinkola sobre lo que son los ciclos del amor me pareció muy certero. Pude ver cómo el alejarse de los ciclos de vida/muerte/vida nos hace cometer errores terribles que nacen de la inmadurez, de la falta de honestidad hacia nosotras mismas y quienes nos rodean o de las ansias de satisfacer lo inmediato. Quien no tenga el libro, y quiera trabajar para mejorar sus respuestas ante los retos de la vida que llevamos hoy en día, debe conseguirlo ya.

  7. Yo estoy leyendo este libro y realmente es una inspiracion,un libro realmente rico en contenido y en enseñansa humana.felicitaciones por ser un hombre que corre con los lobos,

    saludos

  8. No conocía este cuento, mi hijo me lo recomendo, muy interesante, me agradaría poder leer el libro completo. Gracias por permitirme compartir tus lecturas.

  9. tengo entendido qe en el libro hay un comentario, como explicacion de este fragmento,hay manera de qe me lo pudieras proporcionar? gracias

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